[*** = en inglès. Traducción de Montserrat Martínez García revisada y editada por Asun López-Varela. El diseño HTML, el formato, y los enlaces de George P. Landow.]

“Mammón” que procede de la palabra aramea “riquezas” es el nombre bíblico de un demonio que representa el pecado de la avaricia. Durante el Medievo se convirtió en “el nombre propio del diablo de la codicia” (Diccionario inglés de Oxford); John Milton hizo revivir a este personaje como a uno de los secuaces de Satán en El paraíso perdido (1667). Durante la era victoriana, el mundo aún se refería, como lo hace actualmente, a las mismas cualidades: el materialismo y la idolatría de la riqueza.

En “La estatua de Hudson”, Carlyle usa “Mammón” como una palabra cifrada para designar al mismo Hudson y a todos los otros barones rapaces y deshonestos de la industria que hicieron fortuna manipulando y explotando al público inglés. Carlyle se muestra extremadamente furioso con la tendencia de su sociedad a la hora de levantar a esta clase de hombre (tanto literalmente en la forma de una estatua como metafóricamente), y le alaba como a un semidios del progreso. Hasta que el pueblo inglés terminó por encontrar figuras más adecuadas que admirar, mediante un trabajo de imitación activo, se puede concluir con que no fueron nada mejor que idólatras. Al invocar el nombre de Mammón, Carlyle trae a la memoria una multitud de asociaciones, ninguna de ellas complementaria, que vinculan a Hudson y a su rebaño en la adoración del dinero por encima de la moral.

Véanse también las referencias de Carlyle a Mammón y al culto al mismo en Pasado y presente: “Nosotros, con nuestro evangelio basado en Mammón, hemos arribado a extrañas conclusiones… Verdaderamente, es un credo bastante triste el adorar a Mammón”.


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Modificado por última vez el 23 de octubre de 2002; traducido el 15 de octubre de 2012