[••• = solo en inglés. Traducción de Maya Zalbidea Paniagua. Edición de Asunción López-Varela. El diseño HTML y el formato de >George P. Landow.]

En la Inglaterra Victoriana, se habían construido los fundamentos de la cristiandad (foundations upon Christianity) sobre la identidad femenina y según el modelo cristiano de mujer. La sociedad ponía énfasis en la bondad en las mujeres, entre otras virtudes divinas. Y en esta época de caridad, la bondad significaba el sacrificio de estar al servicio de los otros (Young, Portrait of an Age, 99). En el Nuevo Testamento el apóstol Pablo afirma que: “Vosotros, hermanos míos, estáis invitados a ser libres. Pero no para utilizar la libertad con el fin de cometer pecados, sino para serviros unos a otros con amor” (Galatos 5:13). La cristiandad ordenaba a las mujeres que fueran sumisas a sus maridos desde el comienzo en el jardín del Edén: “Tu deseo será tu marido y mandará sobre ti” (Génesis 3:16). Aunque Dios ordenaba que ambos sexos se sirvieran el uno al otro, las mujeres recibían la carga de la responsabilidad puesto que debían ser sumisas a los hombres. Este concepto cristiano limitaba a la mujer la posibilidad de ser libre y vivir por sí misma.

Como Jane Eyre, Margaret, la heroína Cristiana de Norte y Sur, sirve a los que ama con la bondad de su corazón, pero la dependencia le pesa cada vez más. Aunque sea bondadosa por naturaleza debe cargar con la pesada carga de las responsabilidades de su madre y de Bessy Higgins. Margaret ansía escapar de este mundo de gente de mente provinciana y de carácter débil:

Margaret went languidly about, assisting Dixon in her task of arranging the house. Her eyes were continually blinded by tears, but she had no time to give way to regular crying. The father and brother depended upon her; while they were giving way to grief she must be working, planning, considering. Even the necessary arrangements for the funeral seemed to devolve upon her. Margaret has no time to "give way to crying" because others depend on her to be strong. Her role deprives her of even expressing her heartfelt grief for her dead mother. However, she must continue to relieve her family of responsibilities, "even the necessary funeral arrangements."

This necessary responsibility to support her brother and her father, while being in the truest sense Christian servitude, strips her of personal freedom to act as she herself wishes. Unable to escape the bounds of this servitude, Margaret performs her Christian duties less than passionately, even unwillingly and "languidly." Margaret knows her destiny lies beyond the realm of this provincial world. While initially frustrated and restless to move forward, she resigns herself to mechanically performing her duties, realizing the futility in attempting to escape this crystallized self into which Christianity has molded her. Margaret knows no other self other than that which Christianity taught her.


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Traducido el 23 de decembre de 2013