[Traducción de Rebeca Cordero Sánchez revisada por Terri Ochiagha y editada por Asun López-Varela. El diseño HTML, el formato, y los enlaces de George P. Landow. En los títulos de las obras no traducidas al castellano, la traductora indica con la anotación «Nota del Traductor (N. T.)» entre paréntesis que la traducción de los mismos es obra suya. En caso contrario, la traductora se basa en las traducciones ya disponibles que figuran en el registro ISBN. Del mismo modo, en lo referente a las citas literarias, la traductora indica las traducciones disponibles en castellano. Aquellos casos en los que no se hace referencia a ninguna traducción previa, aluden a la labor traductora de Rebeca Cordero.]

En su introducción a Phantastes, en la edición de bolsillo de Ballantine de 1970 (la cual me introdujo a George MacDonald), Lin Carter proporciona la siguiente breve biografía del gran escritor de literatura fantástica:

MacDonald, nació en Aberdeen en 1824, diez años antes que Morris. Su vida iba a ser una serie de contradicciones inexplicables. Casi todo lo que hacía era exactamente lo contrario de lo que cabría esperar de un hombre de su pasado y su posición. Por ejemplo, siendo hijo de un granjero y nacido en un atrasado condado rural en un tiempo donde los hijos todavía seguían los pasos de su padre, habría sido totalmente lógico esperar que MacDonald se criase como un agricultor. No obstante, asistió a la escuela y obtuvo una buena educación, graduándose en la universidad en filosofía natural y química, de entre todas las cosas. Entonces, en vez de establecerse en el mundo académico que aparentemente había elegido, se convirtió en ministro de la Iglesia Congregacional. A raíz de esto se produjo un giro aún más inexplicable de los acontecimientos: cuando sólo tenía 26, a pesar del éxito popular impresionante de su predicación, renunció al ministerio y dedicó el resto de su vida a la literatura.

En estos días, estamos acostumbrados a la idea de autores en soledad, de fracasos neuróticos con miserables vidas corrompidas. . . . Qué refrescante entonces encontrar un escritor tan saludable, varonil, robusto, sano y superlativamente feliz como George MacDonald. Sin lugar a dudas parece haber sido un hombre maravilloso que disfrutaba al máximo una excitante y gratificante vida llena de logros y éxitos. Tuvo una buena y activa infancia al aire libre, una relación particularmente rara y hermosa con su padre, un matrimonio feliz, bendecido con muchos hijos, una carrera literaria coronada con logros espectaculares (cuatro o cinco de sus libros parecen haberse convertido ya en clásicos), también amistades entre los más célebres escritores de mitades de la época victoriana (tales Tennyson, Ruskin y especialmente Lewis Carroll), y — en palabras de Florencia Becker Lennon- "murió a una edad avanzada (1906), rodeado por una familia adorable". [v-vi]

[MacDonald was born in Aberdeenshire in 1824, ten years earlier than Morris. His life was to be a series of inexplicable contradictions. Almost everything he ever did was the exact opposite of what might be expected of a man of his background and position. For example, being a farmer's son, born in a backward rural county at a time when sons still followed in their father's footsteps, it would have been entirely logical to expect MacDonald to grow up as a farmer himself. Instead, he went to school and got a good education, graduating from the university with degrees in natural philosophy and chemistry, of all things. Then, instead of settling down in the academic world he had apparently chosen, he became a minister in the Congregational church. Following this came an even more inexplicable turn of events: when he was only 26, despite the amazing popular success of his preaching, he resigned from the ministry and devoted the rest of his life to literature,

[These days, we are accustomed to the idea of authors being lonely, neurotic failures with miserable, twisted lives. . . . How refreshing then to encounter a writer as healthy, manly, robust, sane, and superlatively happy as George MacDonald. By all accounts he seems to have been a wonderful man who enjoyed to the fullest an exciting, rewarding life crowded with achievement and success. He had a fine, active, outdoorsy boyhood, a particularly rare and beautiful relationship with his father, a happy marriage blessed with many children, a literary career crowned with spectacular accomplishments (four or five of his books seem already to have become classics), the friendships of the most celebrated mid-Victorian writers (like Tennyson, Ruskin, and especially Lewis Carroll), and — as Florence Becker Lennon put it — "he died at an advanced old age (1906) surrounded by an adoring family." (v-vi)]

Se podrían citar otras contradicciones: este maestro de la fantasía victoriana escribió novelas realistas también. Sin embargo, no todos los cambios en la elección de la carrera de MacDonald son tan desconcertantes como Carter sugiere. En primer lugar, como demuestra el estudio de Frank H. Turner sobre la profesionalización de la ciencia victoriana, en el momento de MacDonald se graduó de la universidad existían muy pocos puestos para científicos, y la mayoría de los científicos en ejercicio eran independientemente prósperos o eran ministros — normalmente de la Iglesia Anglicana. Respecto a sus razones para abandonar el ministerio, éstas también resultan no ser particularmente desconcertantes: rechazaba el dogma convencional victoriano sobre la condenación infantil -la idea de que los niños no bautizados estaban condenados- y su propia congregación no estaba de acuerdo con su mentalidad liberal; además, la mala salud le condujo pronto a pasar gran parte de su tiempo en Italia.

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Referencias

Carter, Lin. "Beyond the Gates of Dream" in George MacDonald. Phantastes. New York, Ballantine, 1970.


Victorian Overview George MacDonald

Last modified 28 June 2008; traducido diciembre 2009