[Traducción de Montserrat Martínez García revisada y editada por Asun López-Varela. El diseľo HTML, el formato, y los enlaces de George P. Landow.]

e dice que Proust conocía Praeterita de memoria. Dado el volumen del libro y las limitaciones del inglés de Proust, la historia parece improbable. Sin embargo, se puede entender por qué esta historia ha perdurado. Proust adoraba a Ruskin y es posible que reverenciara su autobiografía por encima del resto de sus obras; con independencia de que recordara totalmente cada una de ellas, que tenían quinientas páginas, podemos aceptar que en cierto sentido se acordara de tal autobiografía del mismo modo que Marcel se acordaba del gusto de una madalena.

En una reseña de 1995 en la que se destacan algunas cuestiones muy perceptivas sobre la verdad en la autobiografía de Ruskin (truth in Ruskin's autobiography), Clive Wilmer plantea también el tema de la calidad extraordinaria y memorable de su prosa:

Es fácil recordar Praeterita con detalle, siendo inusual en una obra prosística: casi tan sencillo como la Biblia del rey Jaime, la cual Ruskin conocía de memoria en su mayoría, puesto que la había aprendido diariamente desde su temprana infancia. (Ruskin narra la historia en el capítulo que abre Praeterita). Es difícil justificar la dignidad de la memorización de una obra, pero en este caso, debe tener algo que ver con el carácter de la prosa tardía de Ruskin que es tan rítmicamente rica como su escritura temprana y en ocasiones demasiado adornada, aunque incorpora también un giro coloquial en la expresión, un empuje aleatorio que nos coge desprevenidos, seduciéndonos con tonos distintos de voz. No es necesario traspasar la oración inaugural: «Soy, y mi padre lo fue antes que yo, un tory violento (Tory) de la antigua escuela; (es decir, de la escuela de Walter Scott y de Homero)». Es en parte el movimiento impredecible, ese paréntesis temprano sobre su padre, y en parte la «bravuconería intelectual» (de acuerdo con la frase de A. O. J. Cockshut) al llamar a Homero un tory. Tiene asimismo que ver con nuestra sorpresa cuando este profeta del socialismo ético se presenta a sí mismo como partidario de la misma creencia. Sea cual sea la razón, la oración es inolvidable.

Wilmer tiene toda la razón: la pintura verbal (word-painting) temprana y demasiado antologizada de Ruskin difiere enormemente de la prosa tardía de Praeterita, del mismo modo que ambas difieren de la escritura más desarticulada y menos lírica de Hasta que esto dure. ¿A qué otras razones recurre Ruskin, es decir, qué otras técnicas específicas utiliza en su autobiografía que la hacen tan memorable?

Referencias

Wilmer, Clive. «Back to nature: Ruskin's aspen and an art in the service of the given». Times Literary Supplement (1 de diciembre de 1995): 3-4.


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Última modificación el 10 de julio de 2006; traducido el 3 de marzo 2011