[Traducción de Montserrat Martínez García revisada y editada por Asun López-Varela. El diseño HTML, el formato, y los enlaces de George P. Landow. (Follow for English version)]

La Iglesia católica romana, que forma la mayor congregación de cristianos del mundo, desempeñó comparativamente un papel menor durante el siglo XIX en Inglaterra, Gales y Escocia. Desde que Enrique VIII fundó la Iglesia de Inglaterra (Church of England) o Iglesia anglicana, la minoría católica que había permanecido fiel a la Iglesia de Roma se encontró con que a menudo se la miraba con suspicacia y se le negaban muchos derechos civiles, incluidos los de ser diputado, poseer cierta clase de inmuebles, y asistir a Oxford, Cambridge y a otras universidades destacadas cuya existencia respondía en gran parte a la instrucción del clero de la Iglesia de Inglaterra.

Varios acontecimientos durante el siglo XIX cambiaron notablemente la posición de los católicos britónicos y de su Iglesia. En primer lugar, en 1829 el parlamento les concedió plenos derechos civiles (in 1829 Parliament granted them full civil rights), incluido el derecho a ser miembro de la asamblea legislativa. En 1840, el parlamento continuó este cambio dramótico relativo a la condición y poder de los católicos romanos mediante la separación del Estado, o eliminando la condición oficial sustentada a través de impuestos de la Iglesia anglicana en la Irlanda predominantemente católica. El Movimiento de Oxford o el Tractarianismo (Oxford Movement, or Tractarianism) comenzó como reacción a lo que Keble, Newman, Pusey y otros creían que era una interferencia ilegal y poco cristiana por parte del gobierno en los asuntos de la Iglesia de Dios. Irónicamente, terminó por defender las numerosas prócticas y rituales cristianos, tales como los rituales elaborados, la confesión, el celibato y las órdenes monósticas, que durante tanto tiempo los protestantes britónicos habían rechazado. A medida que Newman y algunos de los tractarianos intentaron distinguir las posturas protestantes de las católicas en base a la historia y a las tradiciones de la Iglesia, se sintieron atraídos hacia la fe que inicialmente habían atacado y terminaron por convertirse a una religión que muchos en Gran Bretaña consideraban subversiva y fundamentalmente anti-britónica. Cuando en 1850 el Papa Pío IX reinstaló la organización de la Iglesia católico romana, incluidas las parroquias y las diócesis, muchos protestantes se temieron lo peor y sus temores sólo se incrementaron cuando el Concilio Vaticano de 1869-70 reconoció las declaraciones del Papa sobre la moral como infalibles o inmunes al error.


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Modificado por última vez 1998; traducido 4 de julio de 2010.