[Este artículo fue encargado por La religión en la historia y la actualidad (cuarta edición) y ha sido utilizado aquí con su permiso. Traducción de Montserrat Martínez García revisada y editada por Asun López-Varela. El diseño HTML, el formato, y los enlaces de George P. Landow.]

El impulso de la Iglesia libre, en su forma más absoluta, ha sido a menudo avivado por la idea de una Iglesia reunida. De acuerdo con esta visión, la Iglesia debería comprender sólo a aquellos que libremente han respondido al Evangelio y voluntariamente aceptado las responsabilidades de ser miembro. La Iglesia debe mantener su propia pureza asegurándose de que nadie pueda ser miembro si no posee una fe viva y un carácter recto. Se rechaza por el contrario, una visión territorial de la Iglesia. Esta última visión es típica de Suecia donde, hasta hace poco, cada ciudadano era automáticamente considerado como un miembro de la Iglesia del Estado.

El concepto de la Iglesia reunida se encuentra imbuido en la historia y en la identidad particular de las Iglesias congregacionalistas (Congregational) y baptistas (Baptist). Destaca en la comunidad baptista por el hecho de que los niñ os no son bautizados, y de este modo es menos probable que el sentido de la pertenencia como miembro se construya como un derecho de nacimiento. En vez de eso, se realiza el bautismo del creyente, una práctica que enfatiza la voluntad individual. Además, el bautismo del creyente ha sido también adoptado por multitud de denominaciones, especialmente los pentecostales.

Desde los primeros anabaptistas hasta los fundamentalistas contemporáneos, la idea de una Iglesia reunida se ha encomendado a grupos que creen que los creyentes son una compañ ía reducida rodeada por un mundo hostil e irreformable. Sin embargo, esta actitud no es una consecuencia inevitable de la doctrina. Mucha gente de la Iglesia libre aspira a ver que sus valores cristianos sirven como modelo a la sociedad. Esta búsqueda se puede ver en proyectos políticos tan diversos como el evangelio social del baptista W. Rauschenbusch en la América de principios del siglo XX, y en la plataforma moral mayoritaria de su correligionario y compatriota, Jerry Falwell en la última parte del siglo. La conciencia no conformista de la Gran Bretañ a victoriana tardía es un ejemplo de un esfuerzo formidable por infundir los valores de la Iglesia libre en las leyes de la nación. La gente de la Iglesia libre abraza a menudo el objetivo de crear un país cristiano. Aunque pueden rechazar en principio las instituciones religiosas, sin embargo a menudo intentan activamente ver cómo la influencia del Cristianismo mejora el gobierno, las leyes, los colegios estatales y otras instituciones públicas. Las Iglesias libres han reforzado (y sido reforzadas por) el movimiento democrático moderno. Rasgos de la Iglesia libre como el voluntariado, un laicado activo, formas populistas de gobierno religioso, el individualismo, y la sospecha hacia la autoridad han alimentado el crecimiento de la democracia.

La teoría congregacionalista del gobierno eclesiástico (que es abrazada por numerosas denominaciones) objeta cualquier control ajeno a las congregaciones locales y por lo tanto es particularmente compatible con la noción de que las instituciones de la Iglesia en principio se equivocan. Además, muchas variedades de sacerdocio comparten un anti-Erastianismo que considera degradante, cuando no contaminante, que la Iglesia sea gobernada por tales autoridades seculares. Otra línea de razonamiento de la Iglesia libre es la idea de que los medio coercitivos son incompatibles con los fines espirituales. «Porque las armas de nuestra milicia no son carnales» (2 Cor. 10: 4) es una frase que la gente de la Iglesia libre cree que encapsula esta convicción. Consiguientemente, cualquier uso del arma del Estado para alentar el Cristianismo se interpreta como falto de espiritualidad y por ello, perjudicial. Naturalmente, esta visión resulta especialmente persuasiva para los pacifistas tales como los menonitas y los cuáqueros (Quakers). No obstante, la mayor parte de las Iglesias libres cree que el Evangelio debe conquistar las mentes y los corazones a través de la verdad y el amor, y que por tanto cualquier conformidad exterior conseguida mediante desalientos temporales, es, como poco, una victoria pírrica.

En Inglaterra, los no-conformistas han hecho campañ a en contra de las desigualdades religiosas legalizadas a lo largo de los siglos hasta que todas las desigualdades personales se han eliminado, aunque la Iglesia de Inglaterra se las ha apañ ado para conservar algunos de sus privilegios corporativos. En América, los valores de la Iglesia de Inglaterra fueron un factor importante en la decisión para englobar la separación de la Iglesia y del Estado en la Constitución de los Estados Unidos. Tradicionalmente, los americanos de las Iglesias libres han considerado esta disposición como un triunfo de sus principios pero, en las décadas recientes, algunos han comenzado a resentirse del modo en el que se ha interpretado, argumentando que la religión ha sido abolida de la esfera privada. Sin embargo, el modelo americano ha sido influyente en gran cantidad de otras naciones. Hoy en día, países con Iglesias estatales protestantes conceden también a los disidentes la libertad religiosa. Por añ adidura, se puede argüir que igual que la secularización ha estado forzando desde antiguo a las Iglesias establecidas para que fueran de mala gana «libres», está haciendo cada vez más de las congregaciones Iglesias de facto reunidas. Las Iglesias libres han sido en su mayoría perseguidas en las décadas recientes en lugares en los que todas las formas de Cristianismo no son bien recibidas, como en algunos países musulmanes, o donde la religión no es bien recibida en general como en China.

Referencias

Larsen, Timothy. Friends of Religious Equality. Nonconformist Politics in Mid-Victorian England. Boydell Press, Woodbridge, Suffolk: 1999. ISBN 0 85115 726 2.

Townsend, Henry. The Claims of the Free Churches. London: Hodder and Stoughton, 1949.

Troeltsch, Ernst. The Social Teachings of the Christian Churches. Trans. Olive Wyon. 2 vols. London: George Allen & Unwin, 1931.


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Modificado por última vez el 14 de octubre de 2000; traducido 2 de noviembre de 2010