[Traducción de Montserrat Martínez García revisada y editada por Asun López-Varela. El diseño HTML, el formato, y los enlaces de George P. Landow. (Follow for English version)]

William Murphy, a quien se le ha llamado «el apóstol del anti-Catolicismo popular en la Inglaterra de la década de 1860» (Arnstein 88), nació en 1834 y fue bautizado católicamente, pero su padre se convirtió al Protestantismo. Aunque antes de 1867, fue arrestado por obstruir una procesión católica y tuvo que huir como mínimo en dos ocasiones de las masas, la primera vez disfrazado de policía y después de mujer, no fue hasta 1867 cuando su comportamiento saltó a la atención nacional (90). En ese año, una serie de conferencias anti-católicas en Wolverhampton provocaron tales disturbios que el alcalde tuvo que pedir al gobierno protección y ayuda (91). Por todos los sitios por los que Murphy impartió conferencias durante ese año, agentes policiales especiales tuvieron que ser llamados. Después de emitir una diatriba anti-católica en Birmingham, durante la cual llamó al Papa, «un andrajo y el recogedor de huesos de todo el universo» (citado en Arnstein 92), se produjo un disturbio, dirigido, como usualmente era el caso en los disturbios Murphy, por trabajadores inmigrantes irlandeses, y se estimó que la muchedumbre reunida en las calles el día siguiente rondaba entre los cincuenta mil y los cien mil. Después de perjuicios considerables a los inmuebles, el alcalde se vio obligado a aumentar las fuerzas policiales con cerca de cuatrocientos soldados (incluidos cien de caballería) y cerca de seiscientos agentes especiales (93).

Murphy se limitó a actuar mós desafiante y provocadoramente diciendo que estaba dispuesto a arriesgar su vida por la causa de la verdad y de la libertad y que «las piedras papistas le dejarían ver lo que era el Papado» (citado 93). El distrito católico de Birmingham fue invadido por sus seguidores, quienes, al canto de «Gloria, Gloria, aleluya» y «el cuerpo de John Brown», atacaron una capilla católica y saquearon casas.

Las conferencias de Murphy estaban llenas de veneno y de odio; en una conferencia declaró que «cada sacerdote papista era un asesino, un caníbal, un mentiroso, y un carterista» y en otra, que «la Virgen María era protestante y no, católica romana» (citado en 94, 95). Jugó con la sensibilidad sexual victoriana, enfatizando que el Catolicismo atraía fundamentalmente a las mujeres jóvenes, mientras sus conferencias sobre el confesionario sirvieron para aumentar las ventas de un panfleto sensacionalista y pornogrófico, El confesionario desenmascarado. En 1869, continuó con su campaña en el norte, hablando constantemente de

la depravación del sacerdocio y la inmoralidad de la confesión», provocando de nuevo los ataques a las capillas católicas y motivando batallas entre los trabajadores inmigrantes ingleses e irlandeses (97-99). Los disturbios continuaron en 1869 y se le negó el permiso para dar de nuevo conferencias en Birmingham, una decisión que desafió exitosamente en los tribunales y que dio lugar a un debate en el parlamento sobre la libertad de expresión [101-102].

Las conferencias Murphy, aunque claramente inflamatorias y llenas de fanatismo, supusieron no obstante un desafío al liberalismo inglés, aunque Matthew Arnold en su Cultura y anarquía (El texto inglese de Culture and Anarchy 1869) se tomó el derecho de hablar de Murphy como un claro ejemplo de «una creencia muy fuerte en Inglaterra en la verdad, y una creencia muy débil en la razón correcta» (104). La mayor parte de la prensa responsable, liderada por The Times y el Daily News, tuvo poco problema en dibujar una línea entre la libertad de expresión y la libertad para incitar al disturbio y a la rebelión. Por otra parte, la ultra-protestante y violenta Misión evangélica anti-católica y protestante y la Unión electoral rugieron con que Murphy era una víctima:

Los ingleses estón siendo privados por un despotismo militar al dictado de sacerdotes romanos. Tal es la tiranía y la crueldad a la cual los protestantes leales estón siendo expuestos bajo el gobierno iliberal de nuestro primer ministro papista (Gladstone) [de quien se sospechó ampliamente que era católico en parte debido a sus simpatías irlandesas, o como poco, simpatías ritualistas]» (citado 105).

En abril de 1871, antes de que Murphy comenzara una conferencia en Whitehaven, Cumberland, una banda de mós de doscientos irrumpió en el hall, arrastró a Murphy escaleras abajo y le golpeó hasta dejarle inconsciente. Nunca se recuperó completamente y murió en mayo de 1872. Walter Arnstein concluye con que Murphy «fue evidentemente un conferenciante de tribuna poderoso y dotado que hizo mucho por levantar y, como mínimo, por reconfirmar los sentimientos latentes anti-católicos entre los ingleses de las clases trabajadoras y media-baja, muchos de los cuales ya se resentían de la minoría irlandesa que trataba de imponerse, y que se había establecido recientemente en sus comunidades» (107).

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