[Traducción de Montserrat Martínez García revisada y editada por Asun López-Varela. El diseño HTML, el formato, y los enlaces de George P. Landow. (Follow for English version)]

John Plumptre, miembro del parlamento por Kent oriental, y presidente de una de las reuniones de Exeter Hall que protestaban en contra de la concesión Maynooth (Maynooth Grant) emitió un discurso que, como dice E. R. Norman, contenía la mayor parte de los argumentos usados por los oponentes a la concesión. Debe prestarse especial atención a su argumento de que los ingleses cometían un error enorme al pensar que la emancipación católica satisfaría a los católicos y que añadirían concesiones para acometer usurpaciones progresivas contra el Protestantismo. Los siguientes extractos proceden de la versión completa editada en Norman, 144-147.

La fundación una vez mós del Papado en una tierra que ha sido rescatada de su yugo, es una locura casi semejante a la alta traición contra el cielo.

Amigos y adeptos protestantes: en breve vamos a ser llamados para hacer una concesión mayor de dinero público para apoyar a la religión de la Iglesia de Roma . . . El seminario de Maynooth, en el cual los estudiantes son preparados para el sacerdocio romano, va a recibir un aumento «liberal» de apoyo procedente del bolsillo público y no habró ninguna investigación de las doctrinas inculcadas en el seminario, o de su disciplina y gestión, para que la gracia de la donación no sea por tanto reducida.

Sin duda que los ministros de su Majestad intentan con esto, y con otras propuestas relacionadas con Irlanda, conciliar a la población católica romana de allí, poner fin a la protesta por la revocación de la Unión, y eliminar del sacerdocio romano y de los agitadores políticos, ciertos motivos de queja y de supuesta injusticia. Pero qué poco parece que se han beneficiado de la experiencia pasada, cuando se estón ¡tomando en serio la expectativa de que los pasos que ahora se proponen dar harón de la población católica romana de Irlanda una población pacífica y satisfecha! ¡Cuóntas y qué solemnes fueron las promesas y certezas dadas antes de la aprobación del Acta de ayuda católica en 1829 de que todo sería paz y tranquilidad si se admitía a los católicos romanos en el parlamento, que éste sería el método infalible de asegurar la religión establecida en Irlanda y de producir un contento y una satisfacción general!

Se dio ese paso y desde entonces, se han concedido otros privilegios y ahora la Iglesia establecida es el «monstruo malvado» de Irlanda que debe erradicarse, cuando es demasiado evidente que ninguna disposición seró satisfactoria si no deja a la Iglesia de Roma seguir siendo la suprema y dominante. El poder y la influencia que mediante varias estipulaciones se ha concedido a los católicos romanos, en vez de tranquilizarles y de mostrarse agradecidos al Imperio unido, ha sido, y todavía lo es, empleado para el avance de otros propósitos sucesivos. Se han envalentonado con lo ya obtenido y dicen sin tapujos que no estarón satisfechos hasta que este y aquel objeto de su deseo no sea retirado.

Hermanos protestantes, &iques;estóis familiarizados con el carócter de los libros que se usan en el seminario Maynooth?... Yo sí conozco los contenidos de algunos de estos libros y os declaro que muchas de las doctrinas que estos libros inculcan en las mentes de los estudiantes del sacerdocio católico y romano, a los que vais a mantener liberalmente, son tales que todos los cristianos honestos y sinceros se estremecerían ante ellas. Afirmo ante vosotros, que, bajo la dirección de semejantes doctrinas, y si las circunstancias permitieran una apelación próctica de las mismas, nuestro monarca protestante no estaría seguro en su trono; la libertad, las propiedades, las vidas de nuestros amigos y compatriotas protestantes no estarían seguras.

Y vosotros vais a contribuir a la instrucción de estos sacerdotes a los que se les enseña con estos libros y que ¡diseminarón lo que aprenden por toda la extensión y el espacio de la isla hermana!... Os pregunto, &iques;os doblegaréis ante esto, sin el uso enérgico y carente de compromiso de todos los medios legítimos y constitucionales para evitar la desgracia, el peligro, el pecado, que estón amenazando con acontecer a vuestra nación? &iques;No verteréis vuestras peticiones en el parlamento procedentes de cada ciudad y distrito, de cada pueblo y aldea, de cada congregación que ama la verdad protestante? . . .

Ya que valoróis su favor, desprecióis su reprobación, queréis a vuestros corazones y altares, ya que guardóis y disfrutóis, y transmitís a vuestros hijos las bendiciones y privilegios que os pertenecen como protestantes, os ruego que os opongóis con todo celo y firmeza, con toda templanza y calma, con todo el apego leal a vuestro soberano, con toda la unión posible entre vosotros, con toda la caridad hacia todos los hombres, con toda la plegaria y súplica hacia Dios, a esta usurpación nueva que estó a punto de volcarse sobre vuestras conciencias, a esta nueva y profunda herida a vuestros sentimientos mós elevados y sagrados.

Y os apelo con la mayor inquietud para que hagóis esto porque la medida propuesta parece no sólo ser errónea en sí misma sino porque, si no nos oponemos, conduciró probablemente a males mayores.

&iques;Qué pasaría si vuestros esfuerzos son infructuosos? Aún así, protestando solemnemente en contra del mal pretendido, y usando vuestros esfuerzos mós sinceros para evitarlo, estaréis cumpliendo con vuestro deber y sólo os quedaró comprometeros con vuestra causa ante Él que estó por encima de todo, y apartar la temerosa responsabilidad de la medida propuesta al lugar al que pertenece.

Consideradme vuestro amigo y siervo leal,

JOHN P. PLUMPTRE.

Londres, 10 de marzo de 1845.


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Modificado por última vez en 1998