*** = disponible solamente en inglés. Traducción de Gaby Lacayo revisada y editada porAsun López-Varela. El diseño HTML, el formato, y los enlaces de George P. Landow. En los títulos de las obras no traducidas al castellano, la traductora indica con la anotación “Nota del Traductor (N. T.)“ entre paréntesis que la traducción de los mismos es obra suya.



Lillian Nayder. Una colaboración desigual: Charles Dickens, Wilkie Collins, y la autoría en tiempos victorianos. London e Ithaca, Nueva York: Cornell U.P., Diciembre 2001. Pp. xix + 221. Pp. xiv + 221. £23.50 ISBN 0-8014-3925-6

Andrew Gasson, “Un escritor victoriano contemporáneo: Wilkie Collins” y Andrew Gasson y Alan S. Watts, “Wilkie Collins, Charles Dickens: Colaboradores.” La Revista Dickens, Parte B, Serie 1, Ejemplar 5. Haslemere, Surrey, 2001. Pp. 29. £28.50 cada serie más el costo del envío por correo.

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uriosamente, al mismo tiempo en que recibí, para su revisión, una copia del análisis que hace Nayder de la colaboración profesional entre Collins y Dickens, y de la influencia que cada uno ejerció sobre el otro, me llego, finalmente , una copia de la parte B, serie 1, ejemplar 5, de la revista The Dickens Magazine. Y, da la casualidad de que el punto principal de este ejemplar de la revista -Dickens como periodista y colaborador de Collins- coincide en gran medida con el del libro. Andrew Gasson, presidente de la Sociedad Wilkie Collins, nos ofrece una visión familiar de Collins como creador de la novela detectivesca y ***la novela sensacionalista, y autor de obras victorianas con tanto éxito como La dama de blanco y Armadale. En su artículo “Wilkie Collins, Charles Dickens: Colaboradores”, Andrew Gasson une esfuerzos con Alan Watts, editor de la Revista Dickens, y miembro de la Sociedad Dickens en Londres, para enumerar y describir brevemente las ocho historias de navidad que Collins y Dickens escribieron juntos, sin hacer referencia alguna a la contribución de los otros miembros del “establo de escritores” de Dickens: Augustus Sala, Elizabeth Gaskell, Adelaide Anne Procter, Eliza Lynn Linton, Harriet Parr y Percy Fitzgerald. Concentrándose en la historia “Prohibido el paso”, escrita en 1867, excluyen por completo La helada profundidad. Tampoco hacen alusión alguna a los problemas que existían en el paraíso de estos escritores victorianos en las oficinas de la revista Household Words (Palabras Domésticas), ubicadas en el número 26 de Wellington Street, cerca de la calle Strand: “Su asociación fue una en la cual el trabajo y el juego estaban inextricablemente unidos” (18).

De hecho, Nayder afirma que, después de la muerte de Dickens en 1870, Collins tergiversó la naturaleza de la relación de ambos como colaboradores, dando al editor Edward Chapman “una imagen de equidad y colaboración que difícilmente, si es que alguna vez, se logra” para que las contribuciones del escritor más joven a la obra “Prohibido el paso” no fueran eliminadas de ediciones futuras de las Historias de Navidad. La preocupación de Collins no era tanto mantener la integridad del texto, afirma Nayder, sino más bien asegurar su propia posición en los anales de la literatura inglesa, posición que ha sido irrevocablemente cimentada por las obras La piedra lunar y Sin nombre. “Sin embargo, para entender a cabalidad su importancia en dicha historia, es preciso poner en cuestión las imágenes de equidad entre él y Dickens, particularmente las imágenes que los colaboradores mismos proporcionaron, y someter a revisión las practicas editoriales –tanto victorianas como modernas- que hacen que ciertos escritores desaparezcan” (Nayder 202). Ella piensa en aquellos otros miembros femeninos en cuya compañía Collins y Dickens escribieron las Historias de Navidad, como podemos ver en la introducción de Margaret Lane a la edición de 1956 del libro The Oxford Illustrated Dickens<, en la cual se documenta la influencia de Collins en el elaborado diseño de estas piezas pero no se hace ninguna mención de los otros.

Cuando se conocieron, en abril de 1852, Charles Dickens tenía cuarenta años de edad y era una toda una institución en la Inglaterra victoriana. Wilkie Collins, doce años menor, era prácticamente un desconocido desde un punto de vista literario, aunque su padre había sido un pintor reconocido. A los veintisiete años, Wilkie Collins empezó a escribir para Household Words (Palabras Domésticas), la revista semanal de Charles Dickens, quien era propietario del 50% de la revista, recibía un salario anual de quinientas libras esterlinas, y cuyo ingreso anual por su trabajo en la revista promediaba entre 1163 y 1652 libras esterlinas. Collins empezó recibiendo un pago por columna, aunque en setiembre de 1856, cuando finalmente paso a ser uno de los escritores de planilla, su salario aumentó a cinco guineas por semana.

Con el paso del tiempo, en su papel de editor y copropietario de una revista semanal de amplia circulación, Dickens se volvió cada vez más reticente a publicar narrativas que pudieran resultar ofensivas para su amplio círculo de lectores, como la novela sensacionalista de ***Charles Reade, Dinero Contante y Sonante (1863). Collins, por el contrario, cuando comenzó a recibir reconocimiento público, empezó a cuestionar más agresivamente el pensamiento convencional mediante su tratamiento de temas tales como los derechos de las mujeres, las condiciones de la clase trabajadora, los derechos de las razas conquistadas, y el oprobio de la ilegitimidad. En Una colaboración desigual, Nayder describe una colaboración que se torna cada vez más difícil partiendo de una posición inicial, en la cual Collins veneraba a Dickens, el “Inimitable”, como a un héroe, al lado de quien le bastaba con ser un simple ayudante, pasando a otra en la que había una división más equitativa de las labores, pero sin llegar a incluir el control de la visión artística total de una obra, hasta llegar al punto en que Collins se separa de Dickens en 1862, después de las ocho Historias de Navidad, la obra La helada profundidad en su versión original, y “El relajado tour de dos aprendices haraganes”. A su regreso a la revista All the Year Round (Durante todo el año) para trabajar en la obra “Prohibido el paso”, Collins ya era un autor establecido, dispuesto a cuestionar la autoridad del “conductor” del periódico, mediante una transformación radical de dicha historia para su montaje en el escenario. Finalmente, Nayder ofrece una lectura refrescante y provocativa de las obras La Piedra Lunar y El misterio de Edwin Drood, presentándolas como diametralmente opuestas en cuestiones de género y raza.

Algunas veces, la aplicación de perspectivas críticas del siglo veinte a textos previos a dicho siglo, conduce a lecturas que son totalmente ajenas al contexto original de la publicación, lecturas que, por así decirlo, quedan desprovistas de un contexto histórico. Por el contrario, la perspectiva post-colonial y feminista que Lillian Nayder aplica a las páginas que resultaron de la colaboración entre Collins y Dickens, aplicación que es consistente con el Nuevo Historicismo, ofrece una fresca y perceptiva manera de comprender estas obras, que frecuentemente son olvidadas como si fueran hijastros en la descendencia literaria de Dickens. Basándose en su correspondencia, Nayder muestra las muy distintas actitudes de ambos autores en lo que respecta a relaciones de clases, explotación y autonomía femenina, imperialismo y sus subalternos, diferencias que ya prefiguraban en su análisis de “El Naufragio del Golden Mary,” La helada profundidad, “Los peligros de ciertos prisioneros ingleses,” “Prohibido el paso,” obras que, en su opinión, reflejan la respuesta de Dickens a desafíos que el imperialismo británico sufría en aquella época, tal como la desaparición de ***la Expedición Franklin en el Ártico y el Amotinado Sepoy en la India. Aún una pieza tan ligera como “El relajado tour de dos aprendices haraganes,” en la cual Dickens figura como “Francis Goodchild” y Collins como “Thomas Idle,” reflejan las ansiedades de Dickens derivadas del conflicto de clases y de su dominio sobre Collins, ansiedades que también se pueden ver en La helada profundidad, en la que los dos aparecen como Richard Wardour y Frank Aldersley. Para la década de 1850, Dickens, cada vez más conservador en cuestiones sociales, abiertamente había asumido una posición patriarcal-imperialista en sus revistas semanales, considerando las revueltas de los nativos y el movimiento de las mujeres afuera de la esfera doméstica como actos fuera del orden natural de las cosas, e inclusive perniciosos. Nayder, mediante una cuidadosa lectura de cada una de las once obras en las que dichos autores colaboraron a lo largo de catorce años (1854-1867), propone, muy convincentemente, que Collins, quien pareciera estar supeditado a la agenda del Maestro, en realidad la estaba poniendo en cuestión. En estos “inventos de Navidad” anuales, Dickens delineaba las posibles situaciones para su equipo de escritores, pero reservando siempre para sí mismo el papel central y autoritario de determinar el argumento, el escenario, y los personajes. Por ejemplo, en “El naufragio del Golden Mary” Dickens asumió la narrativa del capitán y asignó a su discípulo Collins la del primer oficial (a quien llamó, con mucho tino, “John Steadiman” ). Aunque Dickens usa sus partes de esta novela corta para exponer los peligros inherentes a la emancipación femenina y para “trasladar el problema del descontento laborar en la marina mercante” (54), Collins emplea sus partes de la narrativa para justificar el profundo resentimiento de los subordinados, resentimiento que lleva a los marineros sobrevivientes a desertar y a negarse a regresar a su puerto base, y hace que Steadiman sustituya a Ravender (el personaje de Dickens) como comandante.

La historia del texto de la obra La helada profundidad, con sus muchas versiones desde 1855 hasta 1874, dramatiza, con mayor claridad aun, la tambaleante relación creativa entre los dos escritores. En su revisión del borrador del guión, Dickens muestra escepticismo con respecto a la clarividencia, e incluso quizás muestra cierto desagrado por la enfermera escocesa Ester que representa “el otro” desde un punto de vista racial (desagrado que tal vez se deba al hecho de que su esposa, de la cual se había separado, era de origen escocés), al igual que su devoción total por la concepción que Franklin tenía de su partido como el defensor de virtudes imperiales y masculinas. Collins, por el contrario, acepta la clarividencia de la enfermera Ester y se concentra en las desigualdades de género y en las tensiones entre los oficiales y la tripulación. Así como hay dos versiones fundamentalmente opuestas de La helada profundidad, hay dos textos diametralmente opuestos de “Prohibido el paso”. Uno, el dirigido por Dickens para las páginas del ejemplar extraordinario de navidad de la revista All the Year Round (Durante todo el año), (12 de diciembre de 1867) y el que posteriormente adaptó Collins para el escenario de la New Adelphi, en el cual Obebnriezer, el salvaje suizo, pérfido y de piel oscura, representado por Charles Fecther, se transforma en una figura que despierta simpatía e incluso en un héroe trágico. Dickens no tenía ningún poder para controlar este segundo texto ya que se encontraba haciendo un tour para leer su obra en América. El resentimiento que Dickens sintió por el éxito de Collins en los cinco años previos puede verse reflejado en el intento de asesinato de Vendale por parte de Obenreizer; ciertamente el éxito de la obra debe haberle mostrado claramente a Dickens que su antiguo protegido era ahora un hombre independiente.

Finalmente, Nayder yuxtapone este resentimiento con las muy distintas convicciones sociales que ambos autores tenían en su análisis de ***La Piedra Lunar (publicada como una serie en la revista All the Year Round (Durante todo el año) en 1868) y El misterio de Edwin Drood (serie publicada mensualmente en 1870). Ella sugiere que la primera de dichas obras es una denuncia postcolonial del tratamiento de India y China (viendo el robo que hace Blake del diamante bajo la influencia del opio como una violación a Rachel, cuya apariencia tiene algo de oriental) al poner la percepción que los lectores contemporáneos hubieran tenido del consumo de opio dentro de un contexto nuevo historicista de las guerras británicas de opio, y a los brahmanes heroicos y al hipócrita de Godfrey Ablewhite (exponente de la destrucción cultural causada por la conversión de paganos al cristianismo, y, expropiador de la propiedad de otros, al igual que “honorable John” Herncastle) dentro de un sórdido contexto de comercio, colonialismo y militarismo coloniales.

Nayder no discute las implicaciones de que tanto Collins como Dickens estuvieran viviendo en este periodo una doble vida, pero ve a Dickens en términos del tío celoso, John Jasper, y el sobrino con mucho talento, Edwin Drood, aunque en realidad Dickens era el imperialista y Collins el adicto al opio. Ella hace un convincente retrato de Jasper como alguien infectado o contaminado de Orientalismo, sugiriendo que su bufanda lo conecta con el culto thuggee de la diosa india Kali. A través de las paginas existentes de El misterio de Edwin Drood>, teoriza Nayder, Dickens implícitamente afirma que los ingleses, los amos del imperio, están retrocediendo a la condición física y moral de las razas dominadas, al igual que Ablewhite recurre a un disfraz, y aparenta ser un hombre de piel oscura, para poder escapar con el diamante robado a Ámsterdam, en donde pretende convertir un símbolo cultural y religioso en un objeto comercial para la venta, y, en última instancia, en dinero contante y sonante para poder mantener su estilo de vida. Que El misterio de Edwin Drood sea una respuesta al estilo y preocupación temática de Collins no implica, argumenta Nayder, que su asociación con Collins hubiera disminuido los poderes creativos de Dickens; más bien, el escritor mayor aprendió del menor, y expandió su universo más allá de las restricciones morales y sociales de Los papeles del Club Pickwick y Oliver Twist. De esta forma se puede considerar que Dickens, en su último esfuerzo creativo, está trascendiendo sus construcciones más simples de tiempos pasados, a las que Collins, en sus comentarios marginales al libro de Foster, La vida de Charles Dickens, ridiculiza como obras que buscan sacarle un aplauso a la audiencia (Pall Mall Gazette, 20 de enero de 1890, página 3).


Victorian Overview Autores Wilkie Collins

Modificado por última vez el 22 septiembre de 2009; traducido el 9 de octobre de 2013