[*** = disponsible en inglés. Traducción de Montserrat Martínez García revisada y editada por Asun López-Varela. El diseño HTML, el formato, y los enlaces de George P. Landow.]

[Este ejemplo de un buen trabajo escrito por una estudiante universitaria durante el primer año, en 2003, tiene una importancia histórica porque ejemplifica el uso verdaderamente del hipertexto en la educación. — George P. Landow].

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urante la era victoriana, la prensa ejerció cada vez una mayor influencia, y tanto Carlyle como Dickens escribieron sobre el lado oscuro de la misma. En “Signos de los tiempos”, Thomas Carlyle critica el poder de los periódicos:

En ninguna época anterior, la literatura, comunicación impresa del pensamiento, ha gozado de tanta importancia como ahora. A menudo escuchamos que la Iglesia está en peligro y verdaderamente lo está, en un peligro que parece ser desconocido, puesto que sus funciones están siendo cada vez más desbancadas aún con sus diezmos bajo la seguridad más perfecta. La auténtica Iglesia de Inglaterra reside en este momento en los editores de los periódicos. Éstos predican a la gente diariamente, semanalmente, amonestando a los mismos reyes, recomendando la paz o la guerra con una autoridad que sólo poseían los primeros reformadores y la antigua casta de Papas. Infligen censura moral, imparten motivación, consuelo y edificación moral, “administrando la disciplina de la Iglesia” siempre diligentemente. Se puede decir también que en las decisiones privadas, los nuevos predicadores se asemejan un poco a los frailes mendicantes de antaño, exteriormente llenos de fervor sagrado, interiormente no exentos de estrategias y de hambre de cosas terrenales. [113/114]

En este pasaje de Pickwick, Dickens presenta su propia crítica de la prensa:

Por supuesto que fue esencial e indispensablemente necesario que cada uno de estos poderosos partidos tuviera su órgano escogido para que lo representara, y que, por consiguiente, hubiera dos periódicos en el pueblo, La gaceta Eatanswill y El independiente Eatanswill, el primero defendiendo los principios morales rigurosos y estrictos, y el segundo dirigido sobre un terreno decididamente sensacionalista. Ambos fueron periódicos buenos. ¡Con semejantes artículos editoriales y tales ataques enérgicos! — '¡Nuestra Gaceta contemporánea y carente de valor!' — '¡Esa revista vergonzosa y cobarde, el Independiente!'— '¡Esa impresión falsa y abusiva, el Independiente!' — '¡Esa vil y difamatoriamente calumniadora, la Gaceta!'; — éstas y otras denuncias que agitaban el espíritu se esparcían abundantemente por las columnas de cada uno, en cada número, excitando sentimientos de placer y de indignación de lo más intenso en el corazón de la gente del pueblo [166].

Estos dos pasajes presentan una crítica a la prensa, al retratar a los periodistas como poseedores de un poder excesivo, malempleando su influencia sobre la gente. Carlyle afirma que la prensa abusa de su supremacía, utilizando una comparación desfavorecedora con la Iglesia; su alusión a una “larga clase de Papas perteneciente al pasado” sugiere la era extremadamente poderosa del Catolicismo (el sagrado Imperio romano) que resultaría aterrorizadora a la Gran Bretaña antipapista. La descripción de los periódicos que hace Carlyle es cómicamente deshonesta, ya que estas ediciones existen transparentemente sólo como “órganos elegidos” para los partidos políticos rivales del pueblo.

Ambos pasajes recurren a la hipérbole. Carlyle critica los periódicos llamándolos la “verdadera Iglesia de Inglaterra” y dice que ellos “amonestan a los reyes”, dando a entender que son tan poderosos que los líderes tradicionales de Inglaterra están por debajo de ellos en la jerarquía del poder. Claramente, los periódicos no son tan influyentes, pero su comparación extrema deja clara la crítica. Sus alusiones religiosas continúan este tono hiperbólico plasmando a la prensa como casi una nueva religión, con los editores como predicadores. El pueblo imaginario Eatanswill de Dickens y sus dos periódicos rivales son una caricatura hiperbólica de los peores excesos de la prensa. Sus descripciones de las críticas periodísticas de cada uno de ellos son entretenidamente dramáticas; “carente de valor”, “vergonzosa” y “vil” son exageraciones extremas de insultos editoriales.

Referencias

Carlyle, Thomas. "Signs of the Times." Selected Writings. Ed. Alan Shelston. Nueva York: Penguin, 1986. 61-85.

Dickens, Charles. The Pickwick Papers. 1837. Ed. Mark Wormald. Nueva York: Penguin, 1999.


Charles Dickens's Little Dorritt

Modificado por última vez el 22 de marzo de 2003; traducido el 1 de septiembre de 2012