[ *** = solo en inglés. Gabriela Salvador D'Ambrosio revisada y editada por Asun López-Varela. El diseño HTML, el formato, y los enlaces de George P. Landow. En los títulos de las obras no traducidas al castellano, la traductora indica con la anotación “Nota del Traductor (N. T.)“ entre paréntesis que la traducción de los mismos es obra suya. En caso contrario, la traductora se basa en las traducciones ya disponibles que figuran en el registro ISBN. Del mismo modo, en lo referente a las citas literarias, la traductora indica las traducciones disponibles en castellano. Aquellos casos en los que no se hace referencia a ninguna traducción previa, aluden a la labor traductora de Gabriela Salvador D'Ambrosio.]


Thackeray's decorated initial L

a novela breve de Robert Louis Stevenson, Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886) incluye una otrora común alusión bíblica que podría desconcertar a muchos lectores modernos. Se trata de cuando Henry Jekyll reflexiona sobre su atávica existencia como el brutal Edward Hyde, y convocada repentinamente sin ayuda de la poción, presagio del fin de su existencia independiente como médico respetable:

Este incidente inexplicable, esta inversión de mi experiencia previa, parecía, como el dedo babilónico en la pared, estar escribiendo las letras de mi sentencia; empecé a reflexionar más seriamente que nunca sobre las cuestiones y posibilidades de mi doble existencia. Aquella parte de mí que yo tenía el poder de proyectar, había sido, últimamente, muy ejercitada y alimentada; me había parecido como sí, en la última temporada, el cuerpo de Edward Hyde hubiera aumentado de estatura, como si yo (cuando llevaba dicha forma) fuera consciente de una corriente sanguínea más generosa; y empecé a divisar peligro de forma que, si se prolongaba demasiado, el equilibrio de mi naturaleza se derrumbaría de manera permanente, el poder del cambio voluntario se perdería, y el carácter de Edward Hyde se convertiría, irrevocablemente, en el mío. (N.T.)

[This inexplicable incident, this reversal of my previous experience, seemed, like the Babylonian finger on the wall, to be spelling out the letters of my judgment; and I began to reflect more seriously than ever before on the issues and possibilities of my double existence. That part of me which I had the power of projecting, had lately been much exercised and nourished; it had seemed to me of late as though the body of Edward Hyde had grown in stature, as though (when I wore that form) I were conscious of a more generous tide of blood; and I began to spy a danger that, if this were much prolonged, the balance of my nature might be permanently overthrown, the power of voluntary change be forfeited, and the character of Edward Hyde become irrevocably mine.]

Anteriormente, Thomas Carlyle, que tuvo una enorme influencia en Dickens y en otros muchos autores victorianos, había hecho un uso particularmente poderoso de esta común alusión al Libro de Daniel, en la que letras escritas a fuego previenen de la destrucción del gobernante decadente. Dickens, que a menudo se hace eco de Carlyle, no sólo en Historia de dos ciudades (•••A Tale of Two Cities) sino también en sus obras posteriores, hizo alusión a la escritura en la pared en Tiempos difíciles (Hard Times) (1854). Aquí, el novelista hace una seria advertencia sobre las consecuencias para una nación de que los niños sean educados en la doctrina Utilitaria ("Gradgrindian") basada en "datos, datos, datos" (N.T. Nos parece adecuado traducir ‘facts’ por ‘datos’ mejor que por ‘hechos’ ya que el término conlleva así la carga histórico-objetiva de los hechos consensuados en la memoria de la comunidad), al tiempo que se rechazaba el cultivo de la imaginación o de la “fantasía”.

La feliz Sissy; querida por todos los niños; que había crecido en infantil e inocente dicha sin pasar por alto ni un ápice de fantasía; que intentaba con todas sus fuerzas llegar a conocer a su humilde prójimo, y embellecer su mecánica vida de realidad con las gracias y delicias de la imaginación; fantasía sin la cual se marchita el corazón de la infancia, la robusta madurez se convierte en la muerte moral más absoluta, y las cifras más claras de prosperidad nacional se muestran, como la Escritura en la Pared. ¿Entendía Louisa esta empresa como parte de algún fantástico voto, vínculo, hermandad, compromiso, pacto, disfraz o disfrute, o simplemente como una labor que tenía que realizar? ¿Se daba cuenta Louisa de todo esto? Ya se vería. [Libro 3, "Recolección" Cap. 9] (N.T.)

[But, happy Sissy's happy children loving her; all children loving her; she, grown learned in childish lore; thinking no innocent and pretty fancy ever to be despised; trying hard to know her humbler fellow-creatures, and to beautify their lives of machinery and reality with those imaginative graces and delights, without which the heart of infancy will wither up, the sturdiest physical manhood will be morally stark death, and the plainest national prosperity figures can show, will be the Writing on the Wall, — she holding this course as part of no fantastic vow, or bond, or brotherhood, or sisterhood, or pledge, or covenant, or fancy dress, or fancy fair; but simply as a duty to be done, — did Louisa see these things of herself? These things were to be. [Book 3, "The Garnering," Ch. 9]

La utilización por Dickens de una alusión en el desenlace involucra y alude al lector y juega con el conocimiento de éste sobre la Biblia. Indica que únicamente un idiota sería capaz de reconocer que la sociedad Británica pronto se arrepentiría de haber sustituido la “fantasía” por “los datos” en sus escuelas nuevamente constituidas, y busca que los lectores sensatos vean “la escritura en la pared”. Ambos novelistas aluden a cómo una forma de escritura sobrenatural apareció en la pared de la cámara real del decadente gobernante de Babilonia en “El Libro de Daniel”, Capítulo 5, versículos 1-4. Como en el Imperio babilónico, los días de Gran Bretaña como sociedad superior estaban contados si se continuaba dejando de lado la importancia de la imaginación en la vida de los ciudadanos, y más especialmente en las de los niños. Se quiere así incluir la imaginación en un currículo que se centraba en la ciencia y las matemáticas. Dickens y Stevenson compartían con la gran mayoría de los lectores victorianos un conocimiento de la Biblia, de modo que incluso aquellos que en 1854 apenas podían pagar la cuota semanal de Household Words estaban familiarizados con el relato del Antiguo Testamento sobre el Banquete de Belshazzar, llegado a través de sermones, de la iconografía cristiana (particularmente decoración de iglesias y vidrieras) y de la lectura bíblica. Los lectores educados habrían asociado la referencia al famoso óleo de Rembrandt de 1635 (ahora en la National Gallery, Londres) o el más reciente cuadro de John Martin.


Robert Louis Stevenson

Modificado por última vez el 24 de octubre de 2011; traducido el 27 de julio de 2013