[ *** = solo en inglés. Gabriela Salvador D'Ambrosio revisada y editada por Asun López-Varela. El diseño HTML, el formato, y los enlaces de George P. Landow. En los títulos de las obras no traducidas al castellano, la traductora indica con la anotación “Nota del Traductor (N. T.)“ entre paréntesis que la traducción de los mismos es obra suya. En caso contrario, la traductora se basa en las traducciones ya disponibles que figuran en el registro ISBN. Del mismo modo, en lo referente a las citas literarias, la traductora indica las traducciones disponibles en castellano. Aquellos casos en los que no se hace referencia a ninguna traducción previa, aluden a la labor traductora de Gabriela Salvador D'Ambrosio.]

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l nuevo libro de Oliver Buckton, Cruising with Robert Louis Stevenson: Travel, Narrative, and the Colonial Body (N.T., Navegar con Robert Louis Stevenson: viaje, narrativa, y el cuerpo colonial (2007), podría, sencillamente, haberse llamado El Otro Stevenson, aludiendo al La Otra Mary Shelley (1993), que examinaba fructíferamente toda su obra con la excepción de Frankenstein. Este magnífico estudio que interpreta la mayor parte de la obra de Stevenson a la luz de la novela de viajes, Cruising with Robert Louis Stevenson deja a un lado casi por completo la novela más canónica de Stevenson, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Esta omisión es intencionada, justificable, razonable, excitante y frustrante. Uno continuamente desea saber qué habría hecho Buckton con Jekyll y Hyde (más allá de unas páginas aquí y allí) si la novela hubiera encajado en los parámetros de su estudio. Lo que esto significa es que Cruising with Robert Louis Stevenson es un libro necesario para investigadores interesados en otros logros significativos de Stevenson, incluyendo La Isla del Tesoro, Secuestrado y Cuentos de los Mares del Sur. Este es el primer libro centrado en la influencia de los viajes en el estilo de Stevenson desde el principio hasta el final de su carrera.

La metáfora inicial de Buckton para analizar a Stevenson es la navegación (N.T.: resulta difícil traducir el término cruising debido a las diferentes connotaciones que originalmente posee y que son explotadas por el autor de la obra. Dichas acepciones se explican en la reseña.). Este es un prisma intrigante que funciona mejor dándole a Buckton una oportunidad de producir luminosas lecturas individuales que en producir una genuinamente útil estructura global para entender a Stevenson en mayor profundidad. Buckton señala que cruising tiene múltiples acepciones, cada una de ellas ayuda a conocer la vida y la obra de Stevenson. Navegar es viajar por placer, connota ausencia de propósito, “movimiento ocioso,” tal y como Stevenson narra tanto autobiográficamente como en sus novelas de aventuras, donde los viajes de los protagonistas viran lejos de sus recorridos originales. Buckton razona que las principales obras canónicas se basan en de técnicas que Stevenson adquirió en sus propios viajes globales y usó en sus escritura de viajes inicial. Navegar también describe la práctica narrativa de Stevenson, ya que a menudo escribía mientras estaba literalmente en tránsito y sus tramas serpentean del mismo modo. La noción moderna de cruising como libertad sexual (particularmente, aventura homoerótica) también entra en juego en la elección de esa palabra según Buckton. Stevenson dirige las energías y deseos liberados por su viaje a través de figuras que, según Buckton anota, son inquietantemente resistentes, o figuras corporales monstruosamente cómicas. Esta idea evoluciona tanto en los libros de Stevenson, abarcando lo que Buckton interpreta como un cadáver reanimado, como en los textos de Stevenson sobre de los Mares del Sur, donde la percatación de Stevenson de la desirabilidad de los cuerpos y el paisaje polinésicos ayuda a formar una crítica del colonialismo europeo. Para Buckton, el papel fundamental que Stevenson interpretó al revivir el romance en la ficción a finales del siglo XIX implica que su representación del cuerpo humano como viajante acaba formando parte de su resistencia al realismo, especialmente en sus novelas para jóvenes. Buckton mantiene que tanto las narraciones tempranas de Stevenson sobre viajes, como los romances históricos de la mitad de su carrera, como sus textos tardíos en Samoa dependen de la movilidad inherente a la noción de navegación . Aunque el ingenioso uso final de Buckton’ de la palabra navegar ilumina algunos aspectos en la sobra de Stevenson de manera muy útil y satisfactoria, finalmente el aspecto fundamental aquí presente es el viaje.

Cruising with Robert Louis Stevenson consta de cuatro partes, cada una trazando un aspecto distinto de la navegación por los textos de Stevenson. La primera parte examina la metáfora de un cuerpo reanimado, que causa un cambio en la “dirección narrativa,” representando “el surgimiento de formas de deseo ilícitas” (30). Cadáveres y figuras con aspecto de cadáver en La caja equivocada, “El Club de los suicidas”, El Señor de Ballantrae, y en La Resaca “revitalizan e interrumpen” sus historias. Stevenson asocia el mal a través de la posesión demoníaca “con la reanimación del abyecto cuerpo colonizado” (66), particularmente en los mares del sur. Contrariamente, una bestia o un animal sustituye al cuerpo humano material al resistir impulsos trascendentales en Un viaje al continente and Viajes con una burra, dos de sus tempranos libros de viajes que normalmente reciben menos atención crítica. De hecho el propio Stevenson los desconocía. En su tardío ensayo autobiográfico “Mi primer libro: La isla del tesoro”, Stevenson omite seis obras publicadas anteriormente que fueron escritas y publicadas antes del célebre cuento pirata (99). En el otro extremo de su carrera, críticos de Stevenson vieron la historia compuesta en colaboración La Resaca como un síntoma del agotamiento de la novela en el fin de siècle” [N.T. fin the siglo] y también como el “declive literario y la defunción creativa” de Stevenson (65). Pero según Buckton, gran parte del interés de estas historias, tempranas y tardías, deriva de “sus cuerpos incontaminados y contaminantes” que “circulan libremente a través de sus narrativas, difuminando las fronteras entre novela gótica, de aventuras, tragedia doméstica y humor macabro” (65).

La segunda parte cubre la transición de Stevenson desde la escritura de documentales de no ficción a la escritura de novelas de aventuras para jóvenes. Stevenson lideró el romance tardo-victoriano, convirtiéndolo en un género de incidente y acogiendo la “aparición de unos lectores adultos a los que se les permitía regresar imaginativamente a la juventud” (112). También, La Isla del Tesoro es el primer texto-producto de Stevenson, surgiendo “a partir de un deseo de alcanzar el potencial productivo-rentable de los viajes en el mercado” (98). El mapa de la portada (que Stevenson dibujó con su hijastro, Lloyd Osbourne, y que describió como la inspiración “preciosamente coloreada” para escribir el resto de la historia) sirve como una especie de logo comercial, tanto para la búsqueda del tesoro como para la novela. Esta sección está repleta de ricos análisis, por ejemplo:

A pesar de estar dirigida aparentemente a los jóvenes, La Isla del Tesoro es un texto que cumple el papel cultural de estimular el deseo en sus lectores masculinos adultos, un deseo que el texto reconduce desde un deseo masculino potencialmente subversivo hacia el “inocente” objeto de la aventura, el tesoro enterrado. Stevenson –que escribió en “Nota sobre el realismo” que el autor “debe . . . suprimir mucho y omitir más”– crea romances como si de un arte sublimizar se tratase; en ellos, el deseo se encuentra enterrado junto con el tesoro, subsecuentemente desenterrado por los lectores masculinos maduros que se comportan como jóvenes, o sus adultos jóvenes que se transforman en piratas aventureros. El “secreto” de La Isla del Tesoro es, al fin y al cabo, que no hay secreto: su compromiso con la búsqueda de beneficios es patente en toda la historia, la eliminación del ethos de la “pureza moral” de la infancia es absoluto. El tesoro, aunque descrito como “escondido” y “enterrado” (42), se declara ya encontrado al inicio del relato (11). Por consiguiente, cuando el grupo de búsqueda tropieza con una “gran excavación, no muy reciente” (197) y los piratas descubren que la promesa del el tesoro es ilusioria; el oro queda desplazado a una especie de imaginario simbólico requerido por la novela como texto-producto . . . El mapa buscado, valioso producto de acceso al tesoro, y por el que se matado, retiene vestigios de su estatus como objeto inútil, un “dibujo colorido” realizado por algún niño de la escuela” . . . (122).

Pero si el mapa es la parte más significativa en esta ficción de éxito Isla del Tesoro, es la indeterminación lo que importa en El secuestrado. Buckton juega con el apodo de David “Mr. Betwixt-and-Between” [N.T. El señor entremedias), y con la forma con la que Stevenson concluye la novela: “David Balfour es abandonado en un limbo fuera en la puerta del British Linen Company Bank, en el umbral (literalmente) de recobrar su herencia. . . . Stevenson termina abruptamente la novela con una posdata” lo que indica que solamente continuaría si el publico lo deseaba. El novelista secuestra de manera efectiva la narrativa a cambio del rescate de la demanda del público (129-130). Pero también secuestra la narrativa de David el dinámico personaje de Alan Breck. La relación entre el adolescente y el Jacobita está llena de imágenes homoeróticas. Buckton señala aquí conexiones entre el novelista Walt Whitman, y cita las observaciones de Henry James de 1881 acerca de Stevenson: “es más bien curioso que . . . una característica llamativa de esa naturaleza sea la ausencia de tratamiento de elementos femeninos. Sus libros, en su mayoría, carecen de mujeres y, en su mayoría, no son mujeres quienes se enamoran de ellos. Pero el señor Stevenson no necesita, como diríamos, una enagua de tul para darle importancia [N.T. a petticoat to inflame him]” (139-140). James continúa diciendo que Stevenson ve a las “mujeres como las chicas superfluas que aparecen en los juegos de chicos . . . ¿Por qué alguien habría de casarse cuando puede estar blandiendo una espada o buscando un tesoro enterrado?” (140). Manosear a Stevenson de esta manera ayuda a Buckton a dar más fuerza a su análisis sobre la posición del protagonista, David, en medio (betwixt and between) en términos de su posición política neutra, de sus cambios de humor adolescentes, y de su representación, esencialmente pasiva en términos de género. Buckton finalmente argumenta que la tarea de la secuela de El Secuestrado, David Balfour (mejor conocida como Catriona), es encontrar un “sustituto femenino de Alan, una mujer que represente sus cualidades de hombre activo de las tierras altas” (138).

El análisis relata como las cartas de los viajes tardíos de Stevenson se convierten en un estudio etnográfico de la Polinesia y un reportaje de las luchas coloniales y de la política en Samoa. Stevenson partió a los mares del sur con un contrato que le exigía escribir cincuenta cartas describiendo su viaje. Una parte de sus lectores, que esperaba sus romances de siglo dieciocho, reaccionaron decepcionados al leer acerca sobre la diversidad de las lenguas polinésicas, sobre el arte del tatuaje, y sobre las causas de enfermedades, en lugar de leer una aventura de capa y espada. Parte del problema era el género. Se publicaron en serie en la revista Black and White como “cartas de mi viajero sin prisa”. Buckton señala que un lector de 1891 habría asumido perfectamente que dicha correspondencia era una nueva novela de Stevenson. El resultado fue que este esfuerzo de no ficción se canceló, y Stevenson reutilizó esta mina de material para su ficción. El capítulo traza la considerable utilización de la no ficción en sus novelas e historias tardías. Por ejemplo, Buckton debate convincentemente que Stevenson basa el personaje de Attwater en La Resaca en su descripción del rey Tembinok [N.T. http://en.wikipedia.org/wiki/Tembinok%27], a quien Stevenson había visto en las islas Gilbert. Aún más interesante es la especulación del autor sobre las diversas razones por las que Stevenson transformaría al rey polinesio en un tirano colonial europeo, entre las cuales se encontraría la idea de romper la “rígida jerarquía del hombre blanco y el salvaje, poniendo así en cuestión la base ideológica del colonialismo” (178). Otras obras tratadas en esta sección incluyen En los Mares del Sur,“La Playa de Falesá,” y David Balfour (Catriona), la novela ambientada en Escocia que Buckton considera retrabajada a partir de la obra sobre la Polinesia A Footnote to History (N.T., Apunte a la Historia .

En la cuarta parte Buckton argumenta que en los siguientes cuentos sobre los mares del sur, “La Playa de Falesá” y “The Isle of Voices” (“La isla de las voces”), Stevenson funde realismo y romance en un género híbrido “para exponer la mezquindad de la civilización europea” y su crueldad comercial. Pero una crítica aún más oscura se da en La Resaca, analizada por tercera vez en Cruising with Robert Louis Stevenson, que pone punto final a su estudio de una manera circular, al retomarlo donde lo empezó. En esta novela, llena de “crítica y desilusión,” la protagonista es la enfermedad — que aqueja tanto a colonizados como colonizadores en la expansión colonial. La única alternativa posible para el protagonista es terminar el viaje quemando la nave que inicialmente trajo a los europeos a la isla. Para cuando Stevenson escribió su último libro, “la promesa inicial de las islas se ha contaminado por el conocimiento más profundo que adquiere sobre su enfermedad y la marea imparable de colonialismo europeo” (30).

Los méritos del libro de Buckton son muchos. Se trata de una contribución vital a la investigación sobre Stevenson que ahora experimenta un resurgimiento de atención crítica. A través de la exención (mayoritariamente) de los textos más frecuentemente examinadas de Stevenson, presta una atención necesaria a otros, particularmente a la ficción juvenil y a los relatos de viajes. Buckton une diversas tendencias en su estudio sobre Stevenson, como su crítica al colonialismo y su uso de la homo-sociabilidad, y las refracta a través de su metáfora de navegación. No he mencionado la cantidad de académicos que Buckton cita en la obra, pero el autor responde a prácticamente todo lo que se ha escrito acerca de estos textos de Stevenson en una síntesis continuamente polifónica de las observaciones de otros críticos, articulando su texto sobre estas de manera impresionante. Sólidamente y meticulosamente bien basado tanto en términos críticos como históricos, fundamentado en teorías tan diversas como las de Henry James, Leo Bersani, Frederic Jameson, o Homi Bhabha, este es un libro de consulta no solo para los interesados en Robert Louis Stevenson, sino también para aquellos que se interesan por las respuestas victorianas al •••imperio, a los viajes, la etnografía o la ••• homo-sociabilidad.

Sus defectos están directamente unidos a estos méritos. Algunas veces Buckton sobrecarga al lector con opiniones críticas y teóricas más que con las suyas propias, mostrando así una admirable meticulosidad por abordar tal campo, pero distrayendo del quid de su argumento. Del mismo modo, el énfasis en la idea de navegación (más que en la de viaje conduce unas veces hacia un ingenio interpretativo y conclusiones sólidas, pero otras parece esforzarse por establecer una diferencia sustancial entre el término y una acepción más general de travel [N.T. viajar]). A pesar de esto, Cruising with Robert Louis Stevenson ofrece nuevas perspectivas tanto en libros apenas estudiados como en otros tan conocidos como La Isla del Tesoro, El Secuestrado, e incluso –aunque solo en unas pocas páginas aquí y allá–El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Sobre todo, es una intervención importante y exhaustiva en los estudios sobre Stevenson.

Referencias

Buckton, Oliver S. Cruising with Robert Louis Stevenson: Travel, Narrative, and the Colonial Body. Ohio University Press, 2007. 325+ pp. Cloth. $44.95. ISBN 13: 978-0-8214-1756-0.

Fisch, Audrey, Anne Mellor, and Esther Schor, eds. The Other Mary Shelley: Beyond Frankenstein. New York: Oxford University Press, 1993.

Stevenson, In the South Seas.

_____. “My First Book: Treasure Island,” In The Lantern Bearers and Other Essays. Ed. Jermy Teglown. Cooper Square Press, 1999: 277-284.

_____. Treasure Island. Ed. Wendy R. Katz. Edinburgh: Edinburgh University Press, 1998.


Robert Louis Stevenson

Modificado por última vez 6 de marzo de 2008; traducido el 22 de diciembre de 2013