[Traducción de Montserrat Martínez García revisada y editada por Asun López-Varela. El diseño HTML, el formato, y los enlaces de George P. Landow.]

Aunque muchos eruditos sitúan los orígenes del Ateísmo, la descreencia en Dios o negación de su existencia, en el filósofo e historiador del siglo XVIII Hume (1711-56) o en Thomas Hobbes (1588-1679) del siglo anterior, el Ateísmo reconocido en Gran Bretaña, comienza en 1782, el año en el que Matthew Turner, un médico procedente de Liverpool, publicó su Respuesta a la correspondencia del doctor Priestley a un filósofo descreído. Hasta Turner, los ateístas ocultaron su descreimiento en Dios fingiendo ser deístas o declarando tal descreencia en alguna forma esotérica sólo comprendida por los iniciados.

Según Colin Brewer (quien a este efecto envió un correo electrónico el 4 de enero de 2009), Jean Meslier (1664-1729), un sacerdote francés, fue probablemente el primer ateo posclásico en fijar sus ideas mediante la escritura. Su Memoria o Testamento denunciaba «a todas las religiones sobrenaturales y a las instituciones, especialmente a la monarquía, que los mantuvieron a raya». Sin embargo, a diferencia del último médico británico, Turner, Meslier no publicó su obra, que se descubrió después de su muerte.

Aunque la mayor parte de los autores victorianos experimentaron crisis importantes de fe, algunas conducentes al Agnosticismo o a creencias idiosincrásicas, algunos autores terminaron por declararse ateos como el poeta James Thompson, aunque tanto John Ruskin como Thomas Carlyle parece que sufrieron una fase atea.

Se pueden consultar dos libros recientes sobre la materia: David Berman, A History of Atheism in Britain: From Hobbes to Russell (Croom Helm, 1988) y Michael J. Buckley, At the Origins of Modern Atheism (New Haven: Yale University Press, 1988), que enfatiza las fuentes del Ateísmo en el Racionalismo francés.

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