[Traducción de Montserrat Martínez García revisada y editada por Asun López-Varela. El diseño HTML, el formato, y los enlaces de George P. Landow.]

n su ensayo reseña de El lugar encantado de Alex Owen, Dinah Birch admite que «con sus sociedades secretas, su misticismo portentoso, sus supuestos ritos mágicos y sus tradiciones inventadas, el ocultismo se parece a una postura egoísta». Sin embargo, no se puede descartar simplemente el ocultismo, en parte porque tantos artistas, escritores y científicos importantes lo encuentran irresistible. Éstos incluyen a W.B.Yeats, Ezra Pound, Wassily Kandinsky, Piet Mondrian, Marcel Duchamp, Max Ernst, Arthur Conan Doyle, y Sigmund Freud quien declaró en una carta escrita en 1921, «Si tuviera que volver a vivir mi vida, la dedicaría a la investigación psíquica antes que al psicoanálisis».

Según Birch, el ocultismo insiste característicamente en «la realidad substancial del proceso mental» y en «los símbolos como clave hacia la introspección». Aunque hasta cierto punto, la pérdida de fe tardía victoriana en las formas tradicionales del Cristianismo estimuló la emergencia del ocultismo, sus practicantes creían a menudo que no habían cambiado una forma de supernaturalismo por otra. «Los devotos de lo oculto», de hecho,

mantenían que no estaban inmersos en versiones alternativas de lo sobrenatural. Al igual que los científicos, de hecho algunos lo eran, estaban agrandando los límites de lo natural para que la experiencia espiritual pudiera ser asimilada por la mente recientemente secularizada. La Sociedad teosófica, encabezada por la carismática Madame Blavatsky, no tenía relaciones con la magia ritual de la Orden del amanecer dorado, pero negó también cualquier relación con lo maravilloso. La práctica ocultista se fundó sobre la disciplina y conciencia examinada, y en ese sentido, se relacionó con las ciencias psicológicas (psychological) y psicoanalíticas (psychoanalytical) del momento. Con su cuidadoso escrutinio de sueños y símbolos, y su reconocimiento de que las energías mentales pueden ser algo más que racionales, las exploraciones ocultas tuvieron mucho en común con las innovaciones en psicología.

El énfasis del movimiento sobre «el ejercicio de la voluntad» distinguió la magia y lo oculto de la década de 1880 y 1890 del espiritualismo de mediados de siglo que representaba a médiums pasivas, con frecuencia mujeres. Annie Besant, Madame Blavatsky, y Anna Kingsford y otras mujeres destacadas del ocultismo ganaron un estatus que habría sido imposible en la religión convencional, pero el «lado oscuro» del ocultismo también implicaba la explotación sexual, ya que como Birch explica, «las travesuras teatrales y deliberadas que para algunos eran parte del atractivo podían deslizarse hacia hábitos destructivos. La magia sexual adquirió una popularidad difícil de controlar y aquí el secreto de las órdenes mágicas se podía convertir en una máscara siniestra de la explotación».

Referencias

Birch, Dinah. "Gripped by Beasts" Times Literary Supplement (6 de agosto de 2004), p. 22.

Owen, Alex. The Darkened Room: Women, Power, and Spiritualism in Late Victorian England. London: Virago, 1989; U. of Pennsylvania Press, 1990.

_____. The Place of Enchantment: British Occultism and the Culture of the Modern. U. of Chicago Press, 2003.


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Modificado por última vez el 17 de agosto de 2004; traducido 12 de deciembre de 2010