[Este pasaje procede de Los amigos de la igualdad religiosa. La política no conformista en la Inglaterra de mediados del periodo victoriano (páginas 253-55), que el profesor Larsen ha compartido generosamente con los lectores de la Web victoriana. [Para una reseñ a de este libro: GPL Traducción de Montserrat Martínez García revisada y editada por Asun López-Varela. El diseño HTML, el formato, y los enlaces de George P. Landow.]

n contra de la impresión dada por historiadores como Eugenio Biagini, la filosofía política de estos disidentes (Dissenters) de mediados de la época victoriana estuvo enraizada en su teología (p. 16). Los principios específicos que manejaron, sin embargo, derivaron más de la teología característica de algunas de las denominaciones no conformistas que del Panevangelicalismo. R. J. Helmstadter argumenta que la política disidente de esa época estaba arraigada en «la teología del Evangelicalismo» (evangelicalism), focalizando particularmente en el énfasis en «la salvación de las almas individuales» (p. 66). Esta teoría fracasa a la hora de explicar por qué aquellos más comprometidos con el Evangelicalismo fueron a menudo aquellos más divididos en cuanto a la política. Durante este periodo los polos opuestos en los Comunes no fueron mucho más superiores que, por ejemplo, los representados por el Tory, Richard Spooner, y el radical, George Hadfield; sin embargo, teológicamente ambos fueron evangélicos sólidos. Incluso si se deja de lado a los eclesiásticos evangélicos, todavía se encuentra un gran abismo político que divide, por ejemplo, a un ministro influyente wesleyano como el doctor Jabez Bunting de un baptista prominente (Baptist) como el doctor F. A. Cox. Es posible, por supuesto, que la gente extraiga de estos mismos principios conclusiones contradictorias sobre el curso que necesita tomarse, pero sobre esta fisura existe una explicación más persuasiva que esta observación vaga.

La división entre estos dos grupos es bastante comprensible si se examinan las diversas opiniones que la gente de la Iglesia de Cristo mantenía. La política no conformista estaba enraizada en la teología pero no en la Soteriología del Evangelicalismo, sino en la Eclesiología del Congregacionalismo (Congregationalism). Los baptistas y los congregacionalistas tenían en común tanto sus interpretaciones políticas como eclesiásticas, pero no siempre eran capaces de lograr la cooperación política de aquellos grupos que defendían un sistema diferente de gobierno eclesiástico, especialmente los wesleyanos y los unitarianos (y no digamos los sacerdotes). Los congregacionalistas, a medida que comenzaron a afianzarse en la arena política, sostuvieron como herencia intelectual su certidumbre, continuamente afilada por la necesidad de justificarse de cara al resto de la Cristiandad, concerniente a sus peculiaridades teológicas. Estas peculiaridades se centraban sobre lo que era una verdadera Iglesia o por lo menos sobre lo que idealmente debía ser, es decir, una congregación local de creyentes que se reunían voluntariamente y que estaban colectivamente libres de todo control humano o interferencia exterior. La Iglesia es el agente de Dios en la realización de los fines espirituales en la tierra y es, particularmente, la portadora del Evangelio de Jesucristo que contiene el poder para regenerar a los hombres y mujeres pecadores.

Para ellos, la institución eclesiástica estaba equivocada primero y principalmente no porque siguiera una mala política sino porque procedía de una mala teología. Incluso los liberacionistas, con su grupo de presión, no se habían iniciado en la teoría política, bien se tratase del Liberalismo, del laissez-faire o de alguna otra doctrina. El propio título de su organización revela una motivación fundamental: «La Sociedad para la Liberación de la religión del patronazgo y del control estatal». El punto de partida de su pensamiento fue la Eclesiología congregacional: es un error que la Iglesia sea controlada por influencias externas. Lo opuesto también era verdadero: es un error que el Estado intente acometer la tarea espiritual que Cristo le ha encomendado a la Iglesia. El trabajo de la Iglesia, como la aportación del mensaje evangélico para la conversión de las almas perdidas de la gente, no debería ser emprendida por la agencia gubernamental. Una Iglesia estatal, por lo tanto, significaba que la Iglesia que estaba destinada a ser libre se veía aprisionada por el control gubernamental y que el trabajo del Evangelio, que sólo podía ser correctamente hecho por la agencia espiritual divinamente ordenada de la Iglesia, era confuso, distorsionado y en consecuencia y en último lugar, había sido alterado por la agencia inapropiada y mundana del Estado. El voluntarismo fue un concepto eclesiológico antes de que los disidentes lo aplicaran por primera vez a las cuestiones de la política pública. Esto significaba que la Iglesia verdadera consistía en aquellos que libremente han respondido al Evangelio y elegido someterse a la disciplina de la vida comunal de la congregación por oposición a cualquier noción de la inclusión y participación obligatoria establecidas por coerción o por incentivos temporales. Cuando John Pye Smith se unió a un puñ ado de otros disidentes para fundar una Iglesia en 1804, se introdujeron «voluntariamente» en un «Pacto de la Iglesia» que incluía compromisos tan específicos como practicar devociones familiares durante la mañ ana y la noche diariamente (Medway, Pye Smith, pp. 126-27). En cuanto a la sociedad en general, sin embargo, el ministro y teólogo baptista John Howard Hinton argumentó que no era responsabilidad del Estado castigar «las violaciones de la moralidad» (tales como mentir), sino sólo «delitos en contra de la sociedad» que casualmente podían ser también infracciones del código moral (tales como el robo) (Hinton, Reseñ a, pp. 10-11). La Iglesia verdadera era la que conseguía sus fines mediante armas espirituales más que carnales.

Referencias

Biagini, Eugenio. Liberty, Retrenchment, and Reform: Popular Liberalism in the Age of Gladstone. Cambridge: Cambridge University Press, 1992.

Helmstadter, R. J. "The Nonconformist Conscience," en Gerald Parsons (ed.), Religion in Victorian Britain, IV. Manchester: Manchester University Press.

Larsen, Timothy. Friends of Religious Equality. Nonconformist Politics in Mid-Victorian England. Boydell Press, Woodbridge, Suffolk: 1999. ISBN 0 85115 726 2.


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Añ adido el 23 de septiembre de 2000; traducido 2 de noviembre de 2010